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La jardinería es un arte y una ciencia viva. Crear y mantener un jardín sano requiere entender qué ocurre bajo tierra y cómo interactúan el agua, la luz y los nutrientes.
En este módulo sentarás las bases botánicas y edafológicas indispensables antes de plantar, podar o regar.
Entender las necesidades reales de cada especie evita que las plantas mueran por exceso de riego o falta de sol.
Diseñar zonas con criterios de xerojardinería y riego localizado reduce el consumo hídrico hasta un 60%.
El mantenimiento de zonas verdes urbanas, campos de golf, jardines verticales y comunidades de propietarios demanda jardineros cualificados.
Los suelos arenosos drenan muy rápido pero retienen pocos nutrientes. Los arcillosos retienen agua pero se compactan. El suelo franco es el equilibrio ideal para la mayoría de especies.
Un pH entre 6.0 y 7.0 es óptimo. Plantas acidófilas (hortensias, camelias, azaleas) requieren suelos con pH bajo (< 5.5).
El humus de lombriz y el compost aportan nutrientes de liberación lenta y mejoran la estructura física y biológica del suelo.
Ubicar cada planta según sus requerimientos fotoperiódicos es la diferencia entre el florecimiento y la marchitez.
Aprender a regar profundamente y con menos frecuencia favorece el desarrollo de raíces profundas y resistentes a la sequía.
Conocer la zona de rusticidad de tu provincia para seleccionar especies autóctonas o adaptadas a tu clima.
En este módulo has adquirido las siguientes competencias clave:
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